El síndrome del impostor afecta a profesionales de todos los niveles, generando dudas sobre sus capacidades y logros. Este fenómeno, identificado por Clance e Imes en 1978, se caracteriza por una sensación constante de no merecer el éxito alcanzado, incluso cuando se cuenta con evidencia objetiva de habilidades y méritos que lo respaldan. Según Ximena Badía Vargas, Top Voice de Involve RH, “el primer paso para combatir el síndrome del impostor es reconocer que es un problema común, especialmente entre mujeres y jóvenes profesionales” (Badía, 2024).
Este síndrome puede tener consecuencias significativas en el desarrollo profesional. Estudios recientes indican que el 70% de los profesionales experimentan este fenómeno en algún momento de su carrera (Young, 2022), mientras que la especialista en liderazgo Sheryl Sandberg, sostiene que “superar el síndrome del impostor requiere redefinir la relación con el éxito y el fracaso, entendiendo que ambos son parte del aprendizaje” (Sandberg, 2021).
Para combatirlo, Ximena Badía Vargas sugiere cinco estrategias clave: reconocer el problema, celebrar logros, cambiar el diálogo interno, buscar retroalimentación objetiva y aceptar el aprendizaje constante. “La forma en que te hablas a ti mismo define la confianza que proyectas; reemplaza pensamientos negativos con afirmaciones realistas y positivas”, añade Badía (2024).
Por otro lado, la automatización y las herramientas de recursos humanos pueden apoyar a los profesionales a visualizar sus logros de manera objetiva. Por ejemplo, plataformas como LinkedIn permiten recopilar recomendaciones y validaciones de otras personas respecto a habilidades o competencias específicas, lo que ayuda a fortalecer la percepción profesional (Young, 2022).
Un aspecto interesante es cómo el entorno laboral influye en dicho fenómeno. Empresas con culturas organizacionales que priorizan la competencia sobre la colaboración pueden aumentar los sentimientos de insuficiencia entre sus empleados. En ese sentido, implementar programas de mentoría y fomentar espacios de retroalimentación positiva puede marcar una gran diferencia en la reducción de este fenómeno.
El papel de los líderes también es crucial para combatir el síndrome del impostor. Un liderazgo empático, que celebre los logros individuales y colectivos, puede ayudar a los empleados a sentirse valorados y seguros de sus contribuciones. Como menciona Goleman (2020), “un líder emocionalmente inteligente es capaz de reconocer las luchas internas de su equipo y ofrecer apoyo constructivo”.
Asimismo, la capacitación continua resulta ser una herramienta poderosa para empoderar a los profesionales frente al síndrome del impostor. Al invertir en cursos, talleres y certificaciones, los empleados pueden desarrollar una confianza basada en habilidades y conocimientos tangibles. A su vez, este enfoque refuerza el compromiso de la organización con el crecimiento personal y profesional de su talento.
Finalmente, el uso de tecnologías emergentes, como plataformas de IA, permite a los profesionales medir y evaluar su desempeño de manera objetiva. Estas herramientas no solo brindan datos concretos, sino que también ayudan a identificar áreas de mejora, promoviendo una visión equilibrada de las capacidades individuales.
Superar el síndrome del impostor es un proceso gradual que implica autoconocimiento y trabajo constante. Como concluye Sandberg, “la clave está en aceptar que no necesitamos ser perfectos, sino comprometernos a crecer y mejorar cada día” (Sandberg, 2021).
Referencias
Badía Vargas, X. (2024). Cómo superar el síndrome del impostor en el ámbito profesional. Involve RH Blog.
Clance, P. R., & Imes, S. A. (1978). The imposter phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention. Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 15(3), 241-247.
Sandberg, S. (2021). Lean In: Women, Work, and the Will to Lead. New York: Knopf.
Young, V. (2022). The Secret Thoughts of Successful Women: Why Capable People Suffer from the Impostor Syndrome and How to Thrive in Spite of It. New York: Crown.
Goleman, D. (2020). Emotional Intelligence: Why It Can Matter More Than IQ. Bantam Books.